viernes, 24 de mayo de 2013

"LA AUTOSUFICIENCIA"

Cuando pasamos momentos difíciles en nuestra vida, pensamos que Dios se olvidó de nosotros, que estamos solos en medio de la oscuridad de las circunstancias.
¿Alguna vez se sintió solo en medio del desierto? A veces Dios permite que pasemos esos momentos para que podamos dejar nuestra autosuficiencia y miremos al cielo y busquemos su presencia, que gracias a Dios en cuanto la buscamos viene a nuestras vidas.
Oseas 2:14 en la Santa Biblia dice: "He aquí la traeré al desierto y hablaré a su corazón" 
El propósito del desierto que Dios permite en nuestras vidas, es que en medio del silencio, en esas circunstancias difíciles, escuchemos su voz en nuestro corazón. 
En medio del ruido de nuestra cotidianidad, impide que escuchemos su voz. 
¡Hay tantas cosas que hacer! ¡Tantas obligaciones ineludibles! ¡Tantas exigencias externas e internas! ¿Qué tiempo podemos tener para escuchar la voz de Dios?
Pero cuando nos sentimos solos, impotentes frente a un problema que no sabemos como resolver, cuando alguien necesita nuestra ayuda y va más allá de nuestras fuerzas o ideas para ayudarle; ahí  justo en ese momento sobre nuestras rodillas, le decimos: Dios, yo no se como hacerlo y Él dice: Por fin podés escucharme, hace tanto que te espero para darte la solución, pero siempre estás tan ocupado.
Ahora si, nos dice el Señor, escuchame y todo se resolverá.
La Biblia es una de las formas en que Dios nos habla, en ella podemos encontrar una respuesta para cada problema de nuestra vida. Congregarnos, escuchar la Palabra de Dios en un culto, es otra de las maneras en la que Dios nos habla, por eso es tan imprescindible no faltar a las reuniones, por ninguna excusa por más válida que parezca, porque es para nuestro bien, los únicos que perdemos somos nosotros cuando no nos congregamos. 
En medio del desierto pídale a Dios que le guíe, Él siempre responde a la oración de sus hijos, nunca está ocupado cuando lo buscamos.
No espere más, Dios está a una oración de distancia, no sufra más, hable con Dios.


Dios te bendiga
Susana Goglián